Mejor no digamos nada: La indiferencia mexicana.

El viernes pasado según diversas publicaciones en redes sociales y en las noticias tanto a nivel local, como a nivel nacional, describían el asesinato del fotoperiodista de la revista PROCESO y CUARTOOSCURO Ruben Espinosa, en conjunto con otras cuatro mujeres estando entre ellas la activista Nadia Vera. Tanto Rubén Espinosa, como Nadia Vera, fueron víctimas de amenazas y acoso hacia sus labores en defensa de los derechos humanos de los periodistas en el Estado de Veracruz, orillándolos a mudarse a la Ciudad de México por las fuertes amenazas que sufrían.

La situación está pasando los niveles y decibeles de uno de los gobiernos más caóticos que hemos tenido en la historia de México. Por decirles unos ejemplos: al día de hoy siguen investigando qué fue lo que sucedió con los 43 normalistas desaparecidos en Guerrero, las irregularidades económicas que estamos enfrentando como el dólar casi en 17 pesos (ya casi está como el euro que está a 18 pesos), un presidente que ya no encuentra que hacer con su gobierno y ahora, ataque certero hacia nuestra libertad de expresión.

La Relatoría para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, ha condenado los hechos y ha exhortado a que las autoridades investiguen lo que ha sucedido. Haré una pausa en la parte de ‘investiguen’ ¿Qué es lo que va a investigar el gobierno? ¿Algo que ya está evidente? ¿Una situación de riesgo en la cual se encuentran los periodistas que solamente buscan decir la verdad de las cosas?

Si bien la Convención Americana de Derechos Humanos y la Relatoría para la Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana, establecen estándares tanto de investigación, como temas inherentes a la integridad personal de una persona, actualmente los gobiernos no dan garantía inherente a que estén en un dado caso cumpliendo con lo que le establecen las instancias interamericanas de defensa de los Derechos Humanos.

Pero eso no es lo que más me preocupa, me preocupa la indiferencia de la gente, esa es la que más me preocupa. Hace varias publicaciones expresé mi molestia e indignación con relación a la indiferencia de mi país. No hay una defensa inherente ni siquiera hacia nosotros mismos y lo que más me preocupa más allá de la indiferencia, los prejuicios que las personas tienen por los defensores de los derechos humanos.

Falta demasiada educación en la defensa de los Derechos Humanos, y esa nos corresponde no solamente a nosotros los que nos dedicamos a esta materia, sino además de ello, les corresponde a todos los entes que forman parte del gobierno y buscar ante todo la colaboración en la búsqueda de un mejor país, para dejar de ser indiferentes a lo que está sucediendo, sino actuar, pero no actuar por actuar, sino tomar los argumentos que tenemos ya y trabajar para que esa indiferencia sea menor y miremos hacia un mejor país en el cual no se atente más por los periodistas y que ellos tengan mejores condiciones de trabajo, así como todos y cada uno de nosotros.

Dejemos de ser parte del grupo ‘mejor no digamos nada’, busquemos defender cada uno de los derechos que nos aquejen y busquemos mejores mecanismos de protección en la defensa de los Derechos Humanos.

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